Las investigaciones sugieren que el deterioro cognitivo asociado con la demencia puede detectarse hasta nueve años antes de un diagnóstico médico formal. Una revisión de 2022 publicada en Alzheimer’s & Dementia analizó datos del Biobanco del Reino Unido, un estudio a gran escala que siguió a más de 500.000 personas de entre 40 y 69 años, para identificar indicadores tempranos de enfermedades neurodegenerativas, incluido el Alzheimer, la demencia frontotemporal y la demencia con cuerpos de Lewy.
Cambios cognitivos tempranos a tener en cuenta
El estudio reveló cinco áreas clave donde cambios sutiles pueden indicar la aparición de demencia. Estos cambios fueron más pronunciados en pacientes con Alzheimer, pero también se observaron en personas con otros tipos de demencia. Reconocer estos signos temprano es crucial, ya que permite posibles intervenciones para frenar la progresión de la enfermedad.
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Disminución de la inteligencia fluida: Disminuye la capacidad de resolver problemas novedosos utilizando la lógica y el razonamiento. Esto se manifiesta como dificultad para resolver acertijos, improvisar soluciones a desafíos inesperados (como desvíos) o adaptarse a situaciones cambiantes.
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Tiempo de reacción más lento: Las respuestas a los estímulos se retrasan. Esto puede incluir tiempos de reacción más lentos al conducir, quemar alimentos accidentalmente debido a una atención retrasada o dificultad para responder rápidamente a las llamadas entrantes.
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Deterioro de la memoria numérica: La memoria de trabajo para los números se debilita. Los cálculos simples, medir ingredientes mientras se cocina o realizar un seguimiento de las transacciones financieras se vuelven más desafiantes.
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Pérdida prospectiva de memoria: La capacidad de recordar acciones planificadas se deteriora. Las personas pueden olvidar dónde dejaron artículos esenciales, faltar a citas o tener dificultades para recordar eventos recientes.
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Deterioro de la memoria visual: Recordar información visual se vuelve más difícil. Esto incluye dificultad para reconocer rostros familiares (vecinos, familiares) o recordar lugares visitados con frecuencia (tiendas locales).
Promoción de la longevidad cognitiva
Si bien la detección temprana es valiosa, las elecciones proactivas de estilo de vida también pueden favorecer la salud del cerebro. Los chequeos médicos periódicos son esenciales para controlar la función cognitiva. Además, adoptar hábitos como priorizar el sueño profundo, mantener una dieta saludable, mantenerse físicamente activo y participar en actividades sociales puede ayudar a promover la longevidad cognitiva. También es fundamental evitar fumar y el consumo excesivo de alcohol.
La detección de estos signos tempranos permite una intervención más temprana, lo que potencialmente ralentiza la progresión de estas enfermedades debilitantes.
La capacidad de reconocer cambios cognitivos sutiles es esencial para las personas y familias que buscan gestionar de forma proactiva la salud cerebral a largo plazo. Es posible que estos primeros indicadores no siempre signifiquen demencia, pero justifican una mayor investigación y, si es necesario, una evaluación médica.


















