Un ensayo clínico innovador revela que el ejercicio moderado constante después de la quimioterapia mejora drásticamente los resultados a largo plazo de los pacientes con cáncer, reduciendo la recurrencia y las tasas de mortalidad general. El estudio, publicado recientemente, subraya el poder del movimiento como componente vital de la atención poscáncer.
La primera prueba de su tipo
Los investigadores siguieron a 889 pacientes diagnosticados con cáncer de colon en etapa 3 durante casi ocho años. Los participantes se dividieron en dos grupos después de completar la quimioterapia:
- Grupo de ejercicio estructurado: Recibió sesiones mensuales de entrenamiento personal y tuvo como objetivo realizar entre 150 y 180 minutos de actividad física moderada por semana (aproximadamente tres o cuatro caminatas rápidas).
- Grupo de Educación para la Salud: Se proporciona orientación impresa sobre el estilo de vida, pero no se ofrece apoyo estructurado.
Los resultados fueron convincentes. Después de cinco años, el grupo que hizo ejercicio mostró un 28 % menos de riesgo de recurrencia del cáncer o de desarrollo de un nuevo cáncer en comparación con el otro grupo. Al cumplirse los ocho años, este beneficio aumentó a una reducción del 37 % en la mortalidad por cualquier causa.
Por qué funciona el ejercicio: más allá de sentirse bien
Los hallazgos del estudio no son meramente anecdóticos; El ejercicio parece alterar el ambiente interno del cuerpo de manera que combate activamente el cáncer:
- Reducción de la inflamación: Se ha demostrado que la actividad física reduce la inflamación sistémica, un conocido contribuyente a la progresión del cáncer.
- Sensibilidad a la insulina mejorada: El ejercicio ayuda a regular el azúcar en la sangre, reduciendo la resistencia a la insulina, que puede impulsar el crecimiento de tumores.
- Función inmunitaria mejorada: El movimiento estimula la vigilancia inmunitaria, lo que permite al cuerpo identificar y destruir las células cancerosas de forma más eficaz.
- Equilibrio hormonal: El ejercicio promueve una regulación hormonal saludable, lo que influye en el comportamiento de las células cancerosas.
- Circulación mejorada: El flujo sanguíneo mejorado puede retardar el crecimiento del tumor y mejorar la administración de tratamientos contra el cáncer.
Estos mecanismos biológicos, si bien aún se están investigando, sugieren que el ejercicio no es sólo una terapia complementaria sino una intervención activa.
Consistencia sobre intensidad
El aspecto más alentador del estudio es la accesibilidad de la intervención. No se requirió que los participantes realizaran entrenamientos extremos; en cambio, mantuvieron una rutina constante de actividad física moderada (caminar, andar en bicicleta, andar en kayak o incluso esquiar) durante aproximadamente tres o cuatro sesiones por semana durante tres años. Esto subraya que el movimiento sostenible, en lugar del entrenamiento de alta intensidad, es el factor clave.
Un cambio de paradigma en la atención poscáncer
Esta investigación desafía el enfoque convencional para la recuperación del cáncer, que a menudo se centra en el seguimiento pasivo después del tratamiento. El estudio demuestra que el movimiento es medicina. Los supervivientes pueden influir activamente en su salud a largo plazo incorporando el ejercicio a su rutina poscáncer.
Los hallazgos ofrecen un mensaje claro: incluso dar un simple paseo puede tener un impacto significativo en su bienestar futuro. Ya sea paseando, nadando o practicando deportes ocasionales, el movimiento constante es una herramienta poderosa en la lucha contra el regreso del cáncer.


















