Élie Metchnikoff fue un zoólogo y microbiólogo ruso cuyo trabajo sentó las bases para nuestra comprensión del sistema inmunológico. Nacido en 1845 cerca de Járkov, entonces parte del Imperio Ruso y ahora Járkov, Ucrania, pasó gran parte de su vida en Europa. Murió en París en 1916. En 1908 compartió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina con Paul Ehrlich. Su descubrimiento clave involucró cómo el cuerpo se defiende contra los invasores.

Obtuvo su licenciatura en la Universidad de Jarkov en 1864. Cuatro años más tarde, completó su doctorado en la Universidad de San Petersburgo. En 1870, enseñaba zoología y anatomía comparada en la Universidad de Odessa, cargo que ocupó hasta 1882. Esta institución ahora se conoce como Universidad Nacional Mechnikov de Odessa.

¿Dónde empezó el concepto de fagocitosis?

El momento crucial llegó más tarde, cuando Metchnikoff se mudó a Messina, Italia. Permaneció allí de 1882 a 1886. Durante este tiempo, estudió cómo se desarrollan los órganos digestivos en las larvas de estrella de mar bipinnaria. Inicialmente no buscaba un mecanismo inmunológico. Estaba centrado en la embriología.

Introdujo objetos extraños en las larvas para ver cómo las manipulaban. Estos objetos incluían partículas de tinte carmín y pequeñas astillas. Notó algo inusual. Ciertas células, que no tenían ninguna conexión con la digestión, se dirigieron hacia estos intrusos. Los rodearon. Los engulleron.

Este comportamiento no fue aleatorio. Fue una respuesta sistemática. Metchnikoff reconoció esto como una estrategia defensiva. A estas células les dio un nombre. Fagocitos. El término proviene del griego y significa “células devoradoras”. El proceso en sí se conoció como fagocitosis.

¿Por qué es fundamental este descubrimiento?

La fagocitosis es un componente central de la respuesta inmune. Explica cómo el cuerpo identifica y neutraliza amenazas como las bacterias. Antes de esto, los mecanismos celulares específicos de defensa eran en gran medida teóricos. Metchnikoff proporcionó evidencia empírica. Demostró que la inmunidad es un proceso celular activo.

Este descubrimiento cambió la forma en que los científicos veían las defensas del cuerpo. Cambió el foco de las teorías humorales a la acción celular. Sigue siendo un concepto fundamental en la inmunología actual. Las células que identificó siguen siendo fundamentales para comprender cómo combatimos las infecciones.

El trabajo de Metchnikoff une la zoología y la medicina. Todo empezó con larvas de estrellas de mar. Terminó con un Premio Nobel. Sigue influyendo en cómo entendemos la salud y la enfermedad.

La revolución de la defensa celular

Metchnikoff no se limitó a observar las bacterias desde lejos. Trabajó codo a codo con ellos. Primero en el Instituto Bacteriológico de Odessa (1886-1887). Luego en el Instituto Pasteur de París (1888-1916). Estos años no fueron sólo de observación. Se trataba de desmantelar el dogma existente de la inmunología.

Vio algo que otros pasaron por alto.

El fagocito. Es un glóbulo blanco. En concreto, un leucocito. Metchnikoff se dio cuenta de que esta célula era la primera línea de defensa contra la infección aguda. No sólo en humanos. En la mayoría de los animales.

Esta idea dio origen a la teoría celular de la inmunidad en 1892. Era una idea peligrosa. En ese momento, la comunidad científica suscribía en gran medida la teoría humoral. Creían que la inmunidad provenía de los fluidos corporales. Sustancias solubles en la sangre. Anticuerpos. Las células eran sólo espectadores. Metchnikoff argumentó lo contrario. Las células mataron. Los líquidos simplemente ayudaron.

La reacción fue inmediata.

Durante cincuenta años, la teoría humoral ocupó el trono. Era el paradigma dominante. Pero en la década de 1940 aparecieron las grietas. Los científicos comenzaron a observar más de cerca el papel que realmente desempeñaban las células en la lucha contra las infecciones. Las pruebas aumentaron. La teoría de la inmunidad celular de Metchnikoff quedó reivindicada.

Hoy en día no elegimos entre células y anticuerpos. Usamos ambos. La comprensión moderna de la inmunidad integra ambas escuelas de pensamiento. Lo que alguna vez fue un debate feroz es ahora un marco unificado.

Los experimentos de longevidad

La última década de Metchnikoff fue diferente.

Dejó de centrarse únicamente en las infecciones agudas. Volvió su mirada hacia un tipo diferente de enemigo. Tiempo. Específicamente, la longevidad humana.

Se convirtió en un defensor de las bacterias productoras de ácido láctico. No como un complemento de moda. Como mecanismo biológico. Creía que estas bacterias podrían retardar el proceso de envejecimiento. O al menos mitigar sus efectos.

Sus hallazgos fueron recopilados en varios textos clave. Conferencias sobre patología comparada de la inflamación (1892). Inmunidad en Enfermedades Infecciosas (1901). La naturaleza del hombre (1903).

Estos trabajos no fueron sólo ejercicios académicos. Fueron intentos de mapear la intersección entre inmunidad y envejecimiento. Vinculó la salud del microbioma intestinal con la salud de todo el organismo. Una idea radical entonces. Un concepto fundamental ahora.

¿Resolvió el envejecimiento? No.

Pero abrió la puerta. Demostró que la inmunidad no se trataba sólo de sobrevivir a la amenaza inmediata. Se trataba de sostener el sistema en el tiempo. El fagocito no sólo se alimenta de bacterias. Limpia los escombros. Mantiene el orden.

Metchnikoff vio la conexión. Otros seguían buscando una solución mágica.