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El virus del papiloma humano (VPH) es increíblemente común: la mayoría de las personas sexualmente activas lo contraerán en algún momento de sus vidas. La gran mayoría de las infecciones desaparecen por sí solas sin causar ningún problema de salud notable, ya que el sistema inmunológico del cuerpo controla eficazmente el virus. Sin embargo, algunos tipos de VPH pueden provocar verrugas genitales o, lo que es más grave, cáncer, por lo que la concientización y la prevención son cruciales.

Por qué es importante: El VPH es la infección de transmisión sexual (ITS) más común y, aunque a menudo es inofensivo, su potencial para causar cáncer (particularmente cáncer de cuello uterino en las mujeres) significa que debe tomarse en serio. Los CDC estiman que casi todos los casos de cáncer de cuello uterino están relacionados con el VPH, pero las estrategias de detección y prevención tempranas pueden reducir drásticamente el riesgo.

A continuación le mostramos cómo afrontar la vida con el VPH, protegerse y minimizar la transmisión:

1. Vacunación: su primera línea de defensa

La vacuna contra el VPH es muy eficaz y ahora se recomienda para todas las personas hasta los 45 años. Los CDC originalmente recomendaban la vacunación a los 11 o 12 años, antes de la exposición sexual, pero la reciente aprobación de la FDA amplía la cobertura a los adultos mayores. Si bien la cobertura del seguro varía, la vacuna protege contra múltiples cepas del VPH de alto riesgo, incluidas las responsables de la mayoría de las verrugas genitales y varios cánceres. Dar prioridad a la vacunación sigue siendo el paso más proactivo para prevenir la infección.

2. Uso constante del condón: reducir el riesgo, no eliminarlo

Los condones reducen significativamente la transmisión del VPH, pero no la eliminan por completo. El virus puede transmitirse a través de la piel que no está cubierta por el condón. Para obtener la máxima protección, use condones correctamente cada vez que tenga relaciones sexuales vaginales, orales o anales. Los protectores dentales proporcionan una barrera adicional para el sexo oral.

3. Revisiones médicas y dentales periódicas: la detección temprana es clave

Las pautas de detección del cáncer de cuello uterino recomiendan pruebas de Papanicolaou o pruebas de VPH periódicas para mujeres de 25 a 65 años. La Sociedad Estadounidense del Cáncer (ACS) permite muestras recolectadas por uno mismo cada tres años o muestras recolectadas por médicos cada cinco años. Para los hombres (especialmente aquellos con VIH o que practican sexo anal), considere exámenes anales y pruebas de VPH para detectar condiciones precancerosas. Los chequeos de rutina son vitales porque muchas afecciones relacionadas con el VPH son curables cuando se detectan a tiempo.

4. Reconozca los síntomas: esté atento a los cambios

El VPH puede causar verrugas genitales, que aparecen como pequeños bultos en el área genital. Si nota algún crecimiento o llaga inusual, consulte a un médico de inmediato. Si usted o su pareja tienen una infección activa por VPH, absténganse de tener relaciones sexuales hasta que se complete el tratamiento. El reconocimiento temprano de los síntomas permite un tratamiento rápido y previene una mayor propagación.

5. Buena higiene: unos sencillos pasos pueden ayudar

Orinar después de tener relaciones sexuales puede ayudar a eliminar patógenos potenciales y lavar los genitales con agua y jabón puede reducir aún más la carga viral. Si bien no es un método infalible, una buena higiene minimiza el riesgo de infección.

Conclusión: El VPH está muy extendido, pero se puede prevenir. La vacunación, las prácticas sexuales seguras y los exámenes de detección periódicos son las formas más efectivas de protegerse a usted y a sus parejas. Al comprender los riesgos y tomar medidas proactivas, podrá abordar la salud sexual de manera responsable y minimizar el impacto de este virus común.